(¿La globalización influye?)
La Administración del Talento Humano cobra
especial relevancia en un mundo todos los días más globalizado y en el que los
aspectos de gestión humana pueden convertirse (y de hecho lo hacen) en factores
diferenciadores que posibilitan a una organización ser más exitosa que sus
competidores.
La gestión humana es un
componente esencial de toda organización y más que un conjunto de acciones,
obedece a un proceso integrador, así la administración estratégica del recurso
humano, como la denomina Dolan (2003) tiene como finalidad dotar a los
directores de recursos humanos y a todo el personal de las competencias
necesarias para la realización de sus labores, integrar la gestión humana a la
gestión general de la organización, identificar, formular y aplicar políticas
de recursos humanos para toda la organización; pero más allá de ello, debe
concebir la organización desde una perspectiva sistémica y multidimensional en
la que se integren diferentes tendencias, estrategias y técnicas de gestión humana
que hagan posible una administración en la que se ya no se aliene, sino que se
rehabilite el sujeto – actor (Aktouf, 1998) en la organización.
Analizando un poco la gestión humana desde el punto de vista internacional, es muy importante hablar acerca de la globalización, ya que este es un proceso multidimensional que constituye el estudio supremo de la internacionalización en todas sus dimensiones y en todas las aristas posibles y no es sólo un hecho económico, del cual la expresión determinante es la interdependencia global de los mercados financieros, favorecida por la desregularización y liberalización de dichos mercados, lo que sitúa a la globalización como un fenómeno económico del cual no se han abordado sus aspectos sociológicos y han pasado casi inadvertidas sus consecuencias en lo social, político, deportivo e incluso en la salud pública y en los procesos administrativos adoptados por las empresas para competir en los mercados internacionales; entre esos procesos, los de gestión humana, por lo que es necesario estudiarlos a fondo. Por tanto, es una oportunidad para la Administración estudiar en el sentido de que la no universalidad de la teoría y la práctica puede conducir a nuevos caminos y a nuevas formas de acción, así como a avances que tiendan a disminuir la fragilidad e inconsistencia epistemológica de la Administración y por ende, a la concepción de un ser humano unificado en la teoría y la práctica.
En función
de las transformaciones profundas en todas las esferas sociales que inciden en
las organizaciones, la globalización se expresa como una nueva onda expansiva
del capitalismo en el que la empresa es un instrumento privilegiado, pero
paradójicamente, el ser humano dentro de ella (que es quien la hace y la
dinamiza) no lo es. La gestión humana no ha sido ajena a esta realidad de
cambios y transformaciones que han llevado a que se revalúen los conceptos de
lo que es el trabajador en la organización. Algunos autores como: Sánchez,
García y Zapata (2007; 15) mencionan algunos de ellos: 1) Los individuos no
pueden ser propiedad de la organización, 2) Las actividades de las personas
dentro de la organización son voluntarias, 3) Las experiencias, los
conocimientos y habilidades son intangibles, 4) El talento humano puede ser
perfeccionado mediante la capacitación y el desarrollo, y 5) El recurso humano
es escaso. Pero aunque en lo teórico se dan estos postulados, es
necesario preguntarse si en el plano de la realidad también se cumplen.
En virtud de lo
mencionado anteriormente, la globalización es un factor que ha conllevado a
muchos cambios dentro de cualquier organización y uno de ellos es crear “El nuevo rol del
psicólogo organizacional en Latinoamérica”, el cual consiste en un
modelo llamado IAPA: innovador, inteligente y atrevido.
- La primera es la dimensión de la innovación inteligente y el atrevimiento.
- La segunda, apela al sentido humano del líder en cuanto a su función de agente de cambio. Asombra ver la ligereza, el desdén, o peor aún, la ignorancia, con la que diversos autores parecen tratar el tema del cambio, cuando en el mismo se aborda la parte emotiva del proceso. Esto es, las emociones por las que atraviesan las personas en los procesos de cambio.
- La tercera dimensión del nuevo rol se refiere al pensamiento estratégico. El nuevo líder ha de pensar en términos abarcadores, pero al mismo tiempo, de manera enfocada. Ha de dar sentido de propósito a los esfuerzos de aquellos que lo siguen, conocer las diversas áreas de acción de sus unidades de negocio -o comunidades o áreas funcionales- y tener perspectiva de largo plazo.
- La cuarta, finalmente, es la dimensión cultural-organizacional. Nuestro conjunto de supuestos compartidos, o de "pensamientos automáticos compartidos" a nivel comunal, organizacional, o de país valga decir, nuestra cultura, debiera equilibrar de manera razonable, las dimensiones de estabilidad y flexibilidad en su cotidiano accionar sobre los grupos humanos.
La Gestión Humana y los sindicatos
La Gestión Humana define la forma de reglamentar el trabajo en una
organización y sus condiciones, así como la administración de sus
remuneraciones y beneficios siempre basándose en la Ley Orgánica aprobada en el
momento.
Las relaciones laborales, implican las
relaciones que mantienen los empleadores y los trabajadores con su
organización. De forma histórica han permanecido en el tiempo llenas de
conflictos entre las partes, sin embargo, en la actualidad las empresas
intentan proponer un sistema de relaciones laborales distintas. Se
platean un sistema de Gestión más participativa en la que exista un consenso
entre la administración y los trabajadores y sus representantes, que tenga como
objetivo básico el comprometerse con la empresa hasta sentirse parte de ella.
Dentro de dicho esquema, la empresa deberá ofrecer garantías que son muy
apreciadas por los trabajadores, tales como estabilidad, compensaciones económicas
y respeto por el RRHH.
Este modelo requiere de adaptaciones culturales
fuertes, especialmente entre los representante de los trabajadores, o sea los
sindicatos, quienes deberán tener una visión y misión sindical distinta, como
así mismo un campo de acción de cooperación en el más amplio concepto, lo que
no deberá confundirse con un sindicalismo de colaboración, sino de un
sindicalismo gestionario, donde las reivindicaciones sociales no estarán
ausentes, solo que será dentro de un marco distinto.
El sindicato es un arreglo gremial organizado en
función de su capacidad para construir consensualmente múltiples propósitos
colectivos; asimismo por su destreza en construir complejos esquemas de
captación de recursos para sostener su actividad sindical. De acuerdo al tipo
de sindicato, grado de desarrollo institucional, económico y tecnológico, su
actuación mutual incide en los costos de transacción u organizacionales de las
empresas. Igualmente, en función de su capacidad organizacional y de
contratación, tiene efectos estabilizadores o desestabilizadores en el sistema
económico (la empresa, la economía y la sociedad global).
Recurso Humano trabaja estrechamente con la dirección
durante las negociaciones contractuales con los sindicatos. La negociación del
convenio es el proceso en el cual la dirección y los líderes del sindicato se
reúnen de buena fe para discutir horarios, salarios, beneficios y otros
aspectos laborales. Las negociaciones pueden ser muy estresantes y a menudo se
llega a un punto muerto donde las dos partes no están dispuestas a hacer
acuerdos.
El origen de los sindicatos se remonta a los
inicios de la industrialización, cuando la intensidad del conflicto social y
los excesos de inequidad en las relaciones capital– trabajo derivados de
los vacíos institucionales existentes, comprometían la consolidación y la
viabilidad de la empresa, de la industria y del sistema capitalista en general.
Originalmente el sindicalismo fue disfuncional por naturaleza; en gran medida
se nutrió del movimiento laboral tradicional o histórico, su evolución
institucional se dio conforme al desarrollo de la industria, la economía y la
sociedad.
La situación del movimiento sindical en la gran
parte de los países del mundo ha empeorado seriamente en los últimos años
porque las relaciones de poder en la sociedad en muchos países, incluso en los
mayores países industrializados, y al nivel internacional, han cambiado.
Cada vez que se habla de negociación entre sindicatos y
organismos patronales, en cualquier forma, se sobreentienden intereses
opuestos, y estos intereses se enfrentan en relaciones de poder. El resultado
de tales confrontaciones, que puede tomar la forma de convenios colectivos, de
legislación o de cualquier otro tipo de arreglo regulando la coexistencia de
fuerzas sociales opuestas, refleja las relaciones de poder existentes, y el
resultado evoluciona en la medida donde estas relaciones cambian.
En estas circunstancias los sindicatos a nivel mundial
se han planteado grandes dilemas estratégicos, tales como su
participación o no en las decisiones de la empresa, sus relaciones con los partidos
políticos y el Estado, etc.
Este gremio se ha establecido distintas
visiones que van desde aquellos interesados con el cambio radical del sistema
capitalista, hasta los interesados en contribuir con la empresa y el sistema,
incluyendo los que se mantienen en una posición neutral. Para estos últimos, el
capitalismo y sus instituciones no cambian, todo permanece invariable, por lo
tanto, no les preocupa el curso de la empresa ni del sistema; sólo les
importaba una parte de la negociación: la de los trabajadores y su sindicato.
Para 1960 y 1970, la Suecia, como otros países
de Europa del Norte, han perdido casi toda su producción textil y de vestido,
del calzado, de la construcción naval, de siderurgia, hacia Europa del Sur y
Asia, sin consecuencias sociales dramáticas. Dos factores han sido
determinantes en eso: por un lado, la potencia del movimiento sindical, con
capacidad para negociar con la patronal y con las autoridades públicas la
reinserción de los trabajadores desplazados en otros sectores de la economía,
y, por otro lado, la potencia del gobierno social-demócrata, con capacidad de
imponer, en el marco del Estado nacional, una política activa del empleo,
manteniendo más o menos el pleno empleo.
Es cierto que esta situación ha cambiada: en primer
lugar, por el desempleo masivo y permanente que aparece en Europa occidental y
en América del Norte en los años 1980, limitando la margen de maniobra del
movimiento sindical; luego por la caída del sistema soviético y la emergencia
de India y de China como centros de producción industrial y de servicios, que
han doblado la mano de obra mundial en el "mercado" mundial capitalista
de tres a seis mil millones.
Francia: con siete u ocho centrales sindicales,
con unos 5% de los trabajadores sindicalizados.
En los países del ex - bloque soviético los
sindicatos son débiles, en los sectores privatizados en general inexistentes;
en India, solo un 3% de la mano de obra trabaja en el sector formal, es decir
cubierto por leyes y convenios colectivos; en China, los sindicatos oficiales
son organismos del Estado, inútiles para la defensa de los trabajadores, y las
tentativas de formar sindicatos independientes son reprimidas.
Hoy día, el movimiento sindical, con aproximadamente 200 millones de
miembros, probablemente representa menos de 5% de los trabajadores del
mundo. Esto implica que hay una enorme reserva de mano de obra sin
protección sindical seria. En este mercado global del trabajo la tendencia es a
la baja. Unida a la crisis mundial, los costos sociales, fiscales y las
demás desventajas se ha creado un espiral descendiente que se traduce en deterioro
de los salarios y de las condiciones de trabajo, en aumento del desempleo y de
la precariedad y en el crecimiento del sector informal.
En la actualidad las empresas a nivel
mundial deberían estar orientándose a mantener un ambiente laboral que
propicie la creatividad, el equilibrio y el bienestar de los empleados, a fin
de satisfacer las necesidades de los trabajadores y a la vez mantenerlos
motivados; la detección, cuantificación y desarrollo de competencias es otro
medio que deberían estar utilizando aquellos cuya responsabilidad es gerenciar
al recurso humano para así incrementar el desarrollo personal del individuo y
llevarlo a alcanzar un mayor grado de profesionalismo.
En un ambiente como el descrito un sindicato no
tendría cabida pues las funciones inherentes a su existencia han sido asumidas
por aquellos que gerencian al capital humano y lo tratan como un verdadero
recurso. Adicionalmente los sindicatos son los representantes de los empleados
ante la empresa, son quienes llevan sus requerimientos a quienes tienen la
capacidad de darles respuesta, o por lo menos, eso era lo que ocurría en las
estructuras organizacionales de principios del siglo XX, pero en la actualidad
las organizaciones ya no son comprendidas como una gran pirámide.
Si las organizaciones han comprendido el valor
que tiene la gente que las conforma no tiene sentido la presencia de un órgano
distinto a Recursos Humanos que además de monitorear sus funciones le recuerde
sus responsabilidades así como el buen trato que deben ofrecer a su personal,
pues de existir sería la prueba más contundente de la deficiente labor que esa
unidad y quienes dirigen la firma están realizando en cuanto a la gerencia del
capital humano.
La presencia de un sindicato no necesariamente
significa que la organización obvia la puesta en práctica de las nuevas
tendencias gerenciales, asumir tal cosa también resultaría irresponsable, pues
es evidente que en algunos sectores ese paradigma está tan arraigado que
pareciera imposible imaginarlos sin la presencia de estos.
Cuestionar la presencia de los sindicatos en las
empresas no pretende la emisión de juicios de valor, no puede decirse que son
buenos o malos, que funcionan o no, pues de hacerlo inmediatamente surgirían
argumentos suficientes para rebatir una u otra cosa; pero si es importante
destacar que las razones que motivaron nacimiento de los sindicatos en el
pasado aparentemente han desaparecido y su presencia viene a señalar el
descuido que en materia de manejo de personal han incurrido o están incurriendo
algunas empresas.
Las empresas están llamadas a velar por el bienestar de su gente, sin que medie para ello la presencia de agrupaciones que subdividan su realidad, Recursos Humanos debería ser la primera unidad en defender, propiciar y mantener una conducta orientada a generar ese equilibrio, equidad y valoración que merece la gente en cualquier lugar que ocupe dentro de la organización, de no hacerlo es completamente justificable la presencia de un ente que le recuerde tan importante responsabilidad, pero a la vez se estaría aceptando que las políticas y procesos anteriores a la aparición de la agrupación sindical estaban completamente alejados de la realidad, que existía una insensibilidad laboral y que quienes gerencia a la gente desoían sus planteamientos e ignoraban sus necesidades.
Pero Recursos Humanos no puede ser considerado el único responsable de la creación de un sindicato, si este surgiera a causa de la desatención y poca sensibilidad organizacional; los dueños del negocio son la fuente de la que emanan las directrices del mismo, si estos mantienen la concepción de separar la empresa en dos mitades y generar políticas y procedimientos que menoscaben al trabajador, omitiendo las sugerencias y opiniones que emita la Gerencia de Personal, son los responsables directos de la aparición de este tipo de agrupaciones.
Las empresas están llamadas a velar por el bienestar de su gente, sin que medie para ello la presencia de agrupaciones que subdividan su realidad, Recursos Humanos debería ser la primera unidad en defender, propiciar y mantener una conducta orientada a generar ese equilibrio, equidad y valoración que merece la gente en cualquier lugar que ocupe dentro de la organización, de no hacerlo es completamente justificable la presencia de un ente que le recuerde tan importante responsabilidad, pero a la vez se estaría aceptando que las políticas y procesos anteriores a la aparición de la agrupación sindical estaban completamente alejados de la realidad, que existía una insensibilidad laboral y que quienes gerencia a la gente desoían sus planteamientos e ignoraban sus necesidades.
Pero Recursos Humanos no puede ser considerado el único responsable de la creación de un sindicato, si este surgiera a causa de la desatención y poca sensibilidad organizacional; los dueños del negocio son la fuente de la que emanan las directrices del mismo, si estos mantienen la concepción de separar la empresa en dos mitades y generar políticas y procedimientos que menoscaben al trabajador, omitiendo las sugerencias y opiniones que emita la Gerencia de Personal, son los responsables directos de la aparición de este tipo de agrupaciones.
La legislación apoya y propicia la creación de los
sindicatos, en Venezuela tienen carácter constitucional y la Organización
Internacional del Trabajo posee una postura bien clara con respecto a la
libertad sindical.
Finalmente coincidimos en que la gestión del talento
humano debe ser garante del equilibrio, la equidad y la identificación que debe
existir siempre en la organización, de lo contrario, y como es natural, el
descontento y la desmotivación culminarán gestando en los individuos una forma
de defenderse y, a la vez, protegerse de aquel que lo desestima. Los sindicatos
son la consecuencia de la acumulación de problemas y es justamente su base de
origen lo que podría estar cuestionando su existencia en las empresas del siglo
XXI.
Janeth Benitez
Maria Araujo
Mary
Ronmer Yoris


No hay comentarios:
Publicar un comentario